Ahama, Paraguay

Hoy me despido de vos, Paraguay. Me despido de tus campos verdes infinitos y de tus caminos de tierra roja. Me despido del canto del pitogüé y del guyra tiri, de tus serranías sinuosas y de tus enormes y sabios samu’u.

Toropampa, Alto Paraguay

Hoy me alejo del barullo de tus mercados, del dulce sonido de la lengua guaraní, de los gritos de las chiperitas, del olor a sopa y empanadas fritas.

Me pregunto si son solo coincidencias, o si tiene algún sentido que mi viaje por este país acabe justo donde lo había empezado. Acá en Filadelfia, donde en 2017 llegué cansada y sucia de Bolivia, llena de ilusión de compartir con les Menonitas, y de donde salí corriendo asustada por las calles polvorientas y por los precios exorbitantes de los hospedajes. Acá en Filadelfia, donde volví una segunda vez un año después con el que fue mi compañero de viaje y de la que pensábamos iba a ser una vida juntes, donde recibimos tarde la repentina noticia del fallecimiento de su papá, donde no volvimos juntes después de un viaje relámpago a la Argentina. Acá en Filadelfia, donde llegué por tercera vez, pudiendo por fin compartir con les Menonitas, para cerrar de una vez varios capítulos, de viaje y de vida, soltar y pasar página.

Cruzando en lancha el río Paraguay, frontera natural entre los departamentos de Concepción y Alto Paraguay (foto: Buenas Rutas)

Me despido de vos, querido Paraguay, después de pasar todos estos meses recorriendo tus tierras a lo largo y ancho.

¿Sabés qué? Es un gusto despedirse así. Con las lágrimas en los ojos mientras escribo estas palabras, tal como tenía cuando me despedía de las hermosas personas que encontraba en mi camino. Cada casa que dejaba era un poco la mía, cada persona que me había acogido fue, durante un tiempo, familia.

Humaitá, Ñeembucú

Me trajiste tanto amor como dolor, tanta felicidad como rabia. Fuiste un país de grandes contrastes, y como tal te voy a recordar siempre.

Porque no fue todo oro, no voy a mentir. Sos  un país con un potencial enorme y que por un largo tiempo consiguiste ser el más próspero de Sudamérica. Pero la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870, pero todavía muy vívida en la memoria de tus paraguayes) al matar más del 70% de tu población mató también tu liderazgo en el continente. Así sos hoy un país estancado en la corrupción y en los intereses políticos, y el cambio es lento, demasiado lento. La corrupción es un 5000 (Gs ) pasado a la policía caminera para que cierre un ojo sobre las posibles o inventadas irregularidades del vehículo, son los enormes presupuestos presentados para arreglar o construir una ruta (el 90% de las cuales no están pavimentadas) que al año ya está llena de huecos. Es la policía que hace la vista gorda frente a las enormes plantaciones de marihuana en Pedro Juan Caballero a cambio de un sobrecito, es el personal de la aduana que intenta estafarte con cifras a seis ceros para retirar un paquete sin valor comercial.

Arroyo Tagatiyá, Concepción

El legado de la guerra fue un machismo fuerte y oprimente, y hoy sos un país donde les niñes crecen escuchando los versos sexistas del reggaetón y los hombres se sienten en derecho y deber de hacer comentarios sobre el cuerpo de la mujer. Donde tienen tantes hijes que ni se acuerdan de su edad, hijes crecides con la madre o la tía o la abuela, porque el papá (pero también la mamá) desaparece, pero por favor ¡cuidemos la familia tradicional! Y el aborto está prohibido y el matrimonio gay aberrado.

Sos un país donde hay que explicarle a la gente que la lata de cerveza no se tira de la ventanilla del auto, porque no es el hueso de un mango y contamina, donde no hay ninguna conciencia medioambiental. Un país que cuenta con la mayor hidroeléctrica del mundo en producción de energía, pero donde los cortes de luz están a la orden del día.

Central Hidroeléctrica de Itaipu Binacional. Alto Paraná

Sin embargo, la conciencia sí se desarrolla en grupos restringidos y específicos, y fue con gran felicidad que me uní a eventos como la marcha feminista del 25N o el primer festival vegano del país. Tenés esperanza, Paraguay. No te rindás.

Me voy con el corazón lleno de gratitud y con un estándar muy alto para evaluar los próximos países en términos de cariño recibido. Tu gente siempre me abrió las puertas de sus casas con una sonrisa, con la curiosidad de quien no está acostumbrade a ver a una mochilera andar por ahí. Me recibieron tanto estudiantes como diputados, me levantaron tanto milicos como trabajadores en plantaciones de marihuana, pero todes lo hicieron con corazón sincero y compartieron conmigo lo poco o mucho que tenían.

Bahía Negra, Alto Paraguay

El desértico y temido Chaco en el norte nos dio la bienvenida al país en ese lejano junio de 2018, cuando todavía éramos dos. Fueron días de panza vacía, tiempos de incertidumbre y de lágrimas amargas, pasados comiendo polvo en la parte trasera de camiones que cruzaban campos de tierra quemada y de distancias interminables entre las estancias. Fueron días donde el agua escaseaba, días pasados viajando por lugares donde se colecta agua de lluvia para beber y de la canilla sale el agua marrón del tajamar. Días de incomunicación con las familias, de preocupación sobre nuestras andanzas. Fueron días pasados a las orillas del río Paraná observando la garza refrescarse en los humedales y el silencioso jabirú pescar en el Pantanal. Fueron días de escasez económica, de choclo a 7000 Gs la lata y sopa de papa con cebolla porque no hay verduras. Todo es ganado, ganado, ganado. Hay vacas pero no hay tomates.

Dejando el P.N. Cerro Corá, Amambay

Luego llegó la pausa solitaria en Asunción, tres meses necesarios para sanar finanzas y corazón, para seguir queriendo e intentando lo imposible, meses encerrada en la prisión colorida de esa isla francesa en la ciudad, sola entre muches, a secarse las lágrimas y a trabajar. ¿Por qué se llama amor si duele tanto?

Será la tan famosa calma después de la tormenta, pero entre yoga y meditación y cariño inesperado, el tiempo hizo su trabajo infalible y poco a poco salí de ese pozo hondo donde me había caído. Será coincidencia también ya que será en la localidad de Pozo Hondo que mañana cerraré definitivamente mi capítulo paraguayo. Frontera con Argentina, se cierra una larga página y se abre otra.

Con el nuevo año empezó este tercer capítulo de mi viaje, este que me ve cargar con unos 2 kg extra, el peso de la Pepa, mi nueva compañera de viaje color del sol. Con una pequeña ceremonia simbólica con una nueva amiga con la cual nos prometimos un reencuentro no demasiado futuro, di la bienvenida a este nuevo año. Calcé mi mochila y dejé la que fue mi casa durante demasiado mucho tiempo, como dirían acá.

Ruinas de Humaitá, Ñeembucú

Lista para volver a nacer como un ave fénix de mis mismas cenizas, porque yo sola me había prendido fuego y yo sola podía volver a volar. Con mis Montura en los pies y mi Osprey en la espalda, parada en frente a una ruta, alargué el brazo y volví a levantar el pulgar. Así empezó el recorrido por la región oriental, un sinfín de encuentros, de amor recibido en una variedad infinita de formas y por manos de todos los colores y edades. Pasando de casa en casa, por Couchsurfing, sí, pero también y sobre todo por un “Querés quedarte en la casa?” espontáneo.

San Pedro del Ycuamandiyú, San Pedro

Amigo paraguayo, amiga paraguaya, si es que cruzaste mi camino y hoy estás leyendo este texto: aguije, gracias, danke. Porque el Paraguay también son muchos idiomas y realidades diferentes.

Filadelfia, Boquerón

Si es que no te lo dije lo suficiente cuando nos sentamos a tomar tereré o me dejaste acampar en tu patio, me regalaste un llavero o un dibujo, te desviaste para dejarme más cerca de la ruta, no tuviste miedo a llevarme a tu casa con tus niñes, no te importaron mis creencias y perdiste tiempo cocinando algo libre de crueldad solo para mí, te lo digo también en mi idioma: GRAZIE. Lo mejor que me llevo de este país, es la gente como vos.

Jajotopa peve.

Caacupé, Cordillera

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